La Cantina, donde la palabra se humedece PDF Imprimir E-mail
Opinión - Columnas
Escrito por Valentín Ramírez   
Domingo, 03 de Enero de 2021 13:29

 

Fray Fernando.

Fiestas

La neta yo preferiría, si existiera, una felicidad mas discreta, mas modesta, mas espontanea, mas imprevisible. Pero no, resulta que hay que ser felices en ciertos días como los que acabamos de pasar a fines de diciembre. Ahora resulta que la felicidad la marca el calendario.

Pasó la parafernalia de las fiestas. Para cierto sector de la sociedad, -minoritario por cierto-. Se sobrellevaron las preocupaciones porque la Navidad y la noche de Año Nuevo se celebraron, con todo y pandemia, como Dios manda: un dispendio de consumismo y todas las familias con sus miembros sentados en la mesa y asidos de sus manos, se soporten o no.

Yo sobrepasé la Navidad y el Año Nuevo y todo el ceremonial de las fiestas con cierto horror. Particularmente ese año 2020 tuvo en medio de sus fiestas de diciembre algo de exasperante y angustioso. Crispante por el encierro, y afligido por el recurrente anuncio de muerte en familiares, conocidos y desconocidos.

Sufrí un poco, pero a todo se acostumbra uno menos a no comer. Surgió aquel el enojo por la ostentación, el derroche de alimentos, regalos, regalitos, encierros privilegiados en ranchos y mansiones de los poderosos, con lo que esto supone de grosería o de abulia con relación a los que la pobreza, en muchos casos extrema, no les permite gozar de lo vasto, de lo bien ganado, de lo que se merece, llevando a los desheredados al naufragio y en ocasiones a peligrosas frustraciones. Injusticia evidente que da razón a los llamados “alborotadores”. A los que hicieron revoluciones; a los que invadieron terrenos “ajenos”; a los que lucharon por construir Pensiones Civiles del Estado y a los que dieron su vida luchando contra caciques corruptos y por un mejor mundo.

Estas expresiones tal vez deriven en que me acusen de marxista trasnochado o de rehén de una ideología de otra época pero hoy como ayer- quizás mas hoy-, las desigualdades son profundas entre un puñado que acapara casi toda la riqueza del país frente a una inmensa mayoría asalariada acompañada de una clase media que se cree todavía cercana a los ricos pero cuya realidad los ubica en la pobreza moderada. Pero, aunque fuera indispensable que unos coman manjares, beban champan, otros migajas y otros nada (¿Qué comerían los niños hijos de trabajadores informales que viven al día?). Aunque fuera indispensable que unos se sacien y otros se priven ¿Es indispensable que la desigualdad se extienda hasta tal punto? Si la justicia está fuera de nuestro alcance ¿Es necesario que la vergüenza también lo esté?

No obstante, la pandemia en ciertos lugares y ciertos grupos privilegiados el lujo se desbordó y me pregunto si esto también esta inscrito en las recomendaciones navideñas y de Año Nuevo tomando como fundamento el mensaje del nacimiento de un niño, nos dicen, hace unos 2000 años, pobre entre los pobres, para celebrarse sin fastuosidad la riqueza única del amor ¿Y luego? ¿Quién sigue esta noble realidad?

“Primero pasará un camello por el ojo de una aguja que un rico al reino de los cielos” dice el evangelio pero por lo pronto aquí, en esta no tan bendita tierra, pareciera que la riqueza se justifica, no hay culpa. Pobres desheredados, dichosos los ricos.

Por lo pronto de todos rumbos nos llegan mensajes de que en esta época debemos ser felices: ¿Cómo?

La neta, creo que la felicidad no es un regalo de fin de año, ni la vida es un cuento, y esto me lo ha enseñado la vida. ¿Cómo fingir en 10 días que esto no es cierto? ¿Se puede fingir la felicidad? 10 días de machacona mediática cuyo objetivo es “ponernos optimistas”, alegrarse aunque sea a la fuerza. ¿El Covid-19? No pasa nada, ataca un ponchecito; ¿La angustia por el desempleo, las muertes cercanas? Ya veremos, por lo pronto goza estos días; ¿La soledad que provoca la epidemia? Canta y bebe, no seas aguafiestas; ¿La incertidumbre, la dificultad de vivir, los fracasos, la falta de respiradores, el aumento de las mercancías? Ah, eso pasará, ¡Vamos saquemos lo comprado para las fiestas y que viva la vida! Esto no sería raro, tenemos derecho a divertirnos ¿Pero por qué es obligatorio en estos días? ¿Por qué en estos días aunque en muchos casos no nos soportemos?

Por eso, prefiero una felicidad más modesta, mas discreta, más espontanea, más imprevisible a la que está prefechada en el calendario.

Feliz año nuevo a todas y todos, y como dice el sabio del barrio: “Feliz año nuevo y a jalar de nuevo” No hay de otra.