La Cantina, donde la palabra se humedece PDF Imprimir E-mail
Opinión - Columnas
Escrito por Redacción   
Miércoles, 06 de Enero de 2021 11:04

Fray Fernando.

 

Profesor Guillermo Rosales Valdez.

El que busca un amigo sin defectos se queda sin amigos (Proverbio turco)

De no haberse dado la inopinada inconveniencia de embarcar en su único viaje sin regreso, el martes 1 de diciembre de 2020, Guillermo Rosales Valdez cumpliría 78 años en febrero de 2021.

Se nos fue un buen amigo. Memo, como todos le conocimos murió a fines del año 2020. Partió el hombre de la sonrisa chueca, el individuo que manifestó una fina ironía cuando era necesario. Hosco en ocasiones, sarcástico frente a sus adversarios, pero: un buen hombre, hijo responsable, buen padre, excelente profesionista y buen amigo.

Memo transitó en esta vida desde la perspectiva de que cada hombre es hacedor de su propio destino. Nació, creció, y la naturaleza y la vida lo hicieron. Se forjó como el solía decir: “En el crisol de la vida misma”, y al final, en compañía de su esposa María Luisa, vivió relativamente libre de ansiedades; con sabiduría que le permitió terminar libre de perplejidades, y con audacia para mandar los temores a buen recaudo.

Guillermo fue parte de una generación de ruptura con viejos moldes sociales, estirpe que, como otras, en la juventud se creyó destinada a cambiar el mundo. Los años le enseñaron que lo propuesto era una tarea difícil, pero también a entender que su labor era procurar que el mundo no se detuviera y desde ahí aportó su esfuerzo desde su trabajo docente, como servidor público y luchador demócrata en la vida social y sindical.

El apreció su libertad y tal vez siguiendo a Albert Camus sostuvo que la única manera de lidiar con este mundo sin libertad era volverse absolutamente libre y con ello lograr que la mera existencia fuera un acto de rebelión.

Sin muchos alardes, a los cuales no era propenso, creyó firmemente que, ante la vida, aun y sus prohibiciones, se debería vivir a plenitud no obstante los juicios diversos, y vivir, decía, suponía aceptar el debate, la persecución, el señalamiento, el rechazo, porque sin esta admisión nunca se podría ser libre. De lo contrario, sentenciaba, solo se limitaría a la sobrevivencia. Finalmente, aclaraba: “la gente critica tus razones, se burla de tu formalidad, tu seriedad o tus sufrimientos, salvo si te mueres”.

Guillermo transitó este mundo desde varias facetas: profesor, carpintero, periodista, político, escritor, y para algunos tal vez desde “su salvaje libertad”. El en ocasión del sepelio del profesor Arturo Herrera, quizás se autodefinió cuando dijo: “Hoy despedimos al compañero y amigo. Despedimos a un hombre que como todo ser humano tuvo virtudes y defectos ¿O qué acaso existe alguien que no haya cometido errores y aciertos?”