Traslado de los héroes de la patria; dejan el Ángel, están Chapulpetec Imprimir
Escrito por Redacción   
Lunes, 31 de Mayo de 2010 05:50

 

Es la cuarta ocasión en que cambian de lugar los restos de los próceres; como que algo le faltó a la ceremonia; debió haber sido más simbólica

 

Desde que Plutarco Elías Calles recuperó en 1925 los restos de los héroes nacionales que estaban en la Catedral Metropolitana para trasladarlos al sepulcro laico y oficial del Ángel de la Independencia, no se había vuelto a ver un cortejo con esas urnas.

 

 

 

Mira, ahí va Hidalgo, explicó una mujer a su hijo, señalando los cuatro cráneos que en urna transparente encabezaban el desfile resguardado por militares rumbo a su morada temporal en el Castillo de Chapultepec.

 

La solemnidad con que el presidente Felipe Calderón y el público veneraban a los héroes en una de las ceremonias más relevantes de las fiestas del bicentenario de la Independencia estuvo marcada por gritos que recordaron los saldos de la historia contemporánea: espurio, vendepatrias, asesino, increpaban desde lejos integrantes del Sindicato Mexicano de Electricistas.

 

Si no respetan al Presidente, por lo menos respeten a la bandera, les reprochó una joven para quien el momento histórico merecía mayor sobriedad.

 

Él les fue a poner flores a los soldados gringos que estuvieron en México, señora, eso sí es traición a la patria, reviró un sindicalista que encabezaba a una decena de inconformes con el régimen de Calderón, lo cual hizo más notoria su presencia durante el minuto de silencio en memoria de los héroes patrios.

 

Aunque los gritos eran aislados y a distancia, fueron suficientes para alterar el ritmo del discurso presidencial. Con el rostro endurecido, el jefe del Ejecutivo, que iba con la banda al pecho, subió el tono de su arenga.

 

Hoy México es un país soberano, libre, capaz de elegir su propio destino; una nación democrática en la que existe libertad de opinar, de criticar, de disentir; libertad de organizarse para luchar por las ideas, de elegir a los gobernantes y a los representantes; con un sistema político de pesos-contrapesos que equilibre el ejercicio del poder, y que es el antídoto más eficaz de las decisiones arbitrarias, resaltó.

 

Desde temprano el control estuvo a cargo de mil 600 militares y marinos, que coparon los espacios privilegiados para atestiguar el momento histórico. Sólo el gabinete y algunos representantes de los otros poderes pudieron observar la ceremonia, que dio pie al traslado de las osamentas para su estudio.

 

En hora y media transcurrió el homenaje que ha suscitado críticas entre políticos e intelectuales por la exposición de los caudillos insurgentes: Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, Juan Aldama, José María Morelos y Pavón, Mariano Matamoros, Mariano Jiménez, Francisco Xavier Mina, Vicente Guerrero, Leona Vicario, Andrés Quintana Roo, Nicolás Bravo y Guadalupe Victoria.

 

Fue la cuarta ocasión en que los huesos de los libertadores cambiaron de lugar, según la versión de la historiadora María del Carmen Vázquez Mantecón en su estudio Las reliquias y sus héroes.

 

 

En primera instancia fueron trasladados de diversos estados a la bóveda del Altar de los Reyes de la Catedral Metropolitana, donde permanecieron desde 1823 hasta 1895, cuando fueron movidos a la capilla de San José, del mismo recinto religioso, para salvaguardarlos del abandono en que estaban, durante una ceremonia fastuosa encabezada por Porfirio Díaz. (Alonso Urrutia, Claudia Herrera y Mónica Mateos, La Jornada)