Una fábrica de medias de popótillo en la ciudad de chihuahua Imprimir
Opinión - Columnas
Escrito por Mario Alfredo González Rojas   
Sábado, 09 de Noviembre de 2019 18:18

Mario Alfredo González Rojas.

 

Hoy traemos a este espacio un hecho significativo para el desarrollo del estado, y que tiene que ver con las circunstancias del clima. No olvidemos que el medio geográfico determina de alguna manera, las actividades de la gente.

Los historiadores nos dicen que el año de 1903 fue de mucha agitación política en el estado de Chihuahua. Don Porfirio Díaz, el gran cacique, movía y movía sus piezas, viendo ya venir un duro golpe hacia su gobierno, eran ya las vísperas de la Revolución. Ese año, el 27 de febrero, renunció al gobierno del estado, Miguel Ahumada, ya que había sido electo gobernador de Jalisco. No nos asombremos, los chapulines siempre han existido y existirán, porque la política bien o mal entendida, es una lucha por el poder, y hay diversas interpretaciones, desafortunadamente. Pues bien, luego entró al relevo interinamente, Joaquín Cortázar, y el 27 de marzo siguiente tomó posesión Luis Terrazas para ejercer el mandato hasta el 3 de octubre de 1907, luego de haber sido elegido por un total de 44 mil 816 votos.

En 1900, el estado contaba con 327 mil 784 habitantes. El 14 por ciento de los chihuahuenses se manifestaron a favor del terrateniente uno de los más grandes del mundo. Entonces se creó una fábrica de medias de popotillo, en ese convulso 1903, como asienta Escárcega en su libro "Gajos de historia chihuahuense". Según esto, la dicha fábrica fue propiedad de don Juan Sánchez Pareja, quien la manejó inicialmente con 150 obreros, los que producían diariamente 250 pares de medias. El negocio se llamaba La Favorita, S.A. y anunciaba que vendía medias de popotillo y calcetines del "más puro estilo americano". Para entonces, la Ciudad de Chihuahua tenía 30 mil 405, según los datos del Segundo censo General de Población, levantado el año de 1900. O sea, se hacían 65 mil pares de medias al año.

Después la fábrica se vendió a don Jacobo E. Touché, quien se la dejó a su hijo José.