Crecimiento y desarrollo Imprimir
Opinión - Columnas
Escrito por Isaías Orozco Gómez   
Lunes, 11 de Noviembre de 2019 05:03

Isaías Orozco Gómez.

 

El Presidente Constitucional de los EUM, licenciado Andrés Manuel López Obrador, sigue firme en su idea de que con el régimen de la 4T tiene que impulsarse, paralelamente, en la vida económica del país, de todos los mexicanos: el crecimiento y el desarrollo.

 

Leyendo al literato, al maestro de varias generaciones de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, al íntegro hombre de izquierda comunista y muy perseguido por los gobiernos en turno; José Revueltas, en una de sus tantas obras: “México 68 juventud y revolución”, encontramos dos breves visiones, precisamente acerca del crecimiento y el desarrollo de los pueblos,  en momentos tan aciagos para la lucha social reivindicadora que se estaba viviendo en México y en otras Naciones-estado del mundo. 

 

 Antes de compartir esas dos visiones, conviene tener presente las siguientes definiciones de crecimiento y desarrollo. Crecimiento (Diccionario de psicología): Incremento de tamaño o cantidad; Acción y efecto de crecer alguna cosa; Alteración en la talla y el peso. Desarrollo (Diccionario de la Real Academia Española): Cambio, aumento, crecimiento o perfección tanto en el orden físico como en el intelectual y moral; acrecentar, dar incremento a una cosa del orden físico, intelectual o moral.

 

Más específicamente, en relación al crecimiento económico en Google (colaboración de Javier Sánchez Gran), se sustenta que dicho crecimiento es el aumento de la renta o valor de bienes y servicios finales producidos por una economía (generalmente de un país un una región) en un determinado período (generalmente en un año). Por lo que el crecimiento económico debe entenderse como la evolución de los estándares de vida en un territorio, habitualmente países, medios en términos de la capacidad productiva de su economía y de su renta dentro de un período de tiempo concreto.

 

Desde luego, la renta debe considerarse entre otros aspectos,  como el nivel de ahorro o de inversión y de su balanza comercial. Pero lo que de hecho y materialmente demuestra la correcta y directa relación entre crecimiento y desarrollo económico es la fluctuación del Producto Interno Bruto (PIB).

 

Ahora bien. En tal marco de ideas, a inicios de los años setenta del S. XX, José Revueltas afirmó que el “Crecimiento (productividad y productivismo) y desarrollo (desenvolvimiento de las relaciones sociales) no son la misma cosa, ni deben confundirse”. Revueltas agrega que para fundamentar la distinción básica que existe entre el concepto de desarrollo y el concepto de crecimiento, debe tenerse en cuenta lo que sostiene el politólogo y filósofo contemporáneo Henri Lefebvre: “los diferentes niveles (base, estructura, superestructura) no se modifican ni simultáneamente ni del mismo modo. La búsqueda inteligente o torpe, de la coherencia, no siempre finaliza con una cohesión social real. 

 

“Las contradicciones no actúan ni se resuelven simultáneamente en todos los niveles. En particular, en un momento revolucionario, el movimiento se acelera a tal o cual nivel. De aquí los conflictos nuevos y las contradicciones diferentes. Por el contrario, en este o aquel período, puede haber progreso económico, crecimiento de las fuerzas productivas, en tanto que las estructuras (relaciones sociales, codificadas o no) y las superestructuras (ideas e ideologías, instituciones y organizaciones) se estancan y se fijan”.  

 

Dicho sea de paso, que la geopolítica en que emitieron sus criterios José Revueltas y Henri Lefebvre, estaba permeada principalmente por el imperio capitalista encabezado por los USA y por el campo socialista en construcción cuyo adalid era la Unión Soviética (Rusia). De ahí que afirmara Revueltas que en el conjunto de la ideología contemporánea, marxista como antimarxista, se ha CONFUNDIDO DESARROLLO CON CRECIMIENTO. Sin embargo (abunda), en esta última mitad del siglo [XX], la experiencia central o, más bien dicho, la prueba crucial ¿no irá a ser el crecimiento gigantesco (en cifras de toneladas de acero, de cemento, de trigo) en numerosos países, socialistas o capitalistas, y el contraste, por no decir la contradicción, entre este crecimiento y el estancamiento, casi el empobrecimiento y la crisis de las relaciones sociales, es decir, LA AUSENCIA DE DESARROLLO?

 

Insiste José Revueltas,  en que: “Probablemente en ningún otro país resulta tan clara la confusión entre crecimiento y desarrollo (al modo en que lo considera Lefebvre) que en México. Crecimiento de las fuerzas productivas, incrementación de la riqueza, sí, evidentemente. Pero junto a esto, la irrealidad más completa de las instituciones; la más absurda e increíble mistificación de las relaciones sociales, políticas, religiosas e históricas, contexto que alcanza e involucra aun a las relaciones familiares”.

 

Cabe decir, entonces, que desde las luchas por la independencia de México hasta nuestros días en que sobreviven lastimosamente países desarrollados y subdesarrollados, la construcción de una sociedad humana equitativa y justamente igual tanto en su crecimiento como en su desarrollo económico, sigue pendiente. 

 

Por lo que la política económica de la 4 T propuesta por Andrés Manuel López Obrador como primer mandatario de los EUM, es, hoy por hoy, la correcta e indispensable.