30 años de abogacía Imprimir
Opinión - Columnas
Escrito por Redacción   
Lunes, 21 de Septiembre de 2020 16:04

Benito Abraham Orozco Andrade.

 

En esta fecha se cumplen tres décadas del llamado “sábado negro”, en el que tuvo verificativo uno de los sucesos naturales más trágicos para la ciudad de Chihuahua, que fue la tromba que dejó como saldo 50 personas fallecidas, así como un sinnúmero de familias e inmuebles afectados. Un hecho desafortunado que nos dejó muchas enseñanzas, y que siempre estará en la memoria de los chihuahuenses.

 

Precisamente en ese día, coincidentemente se efectuó el baile de graduación de uno de los grupos de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Chihuahua (UACH) al que pertenecía quien esto escribe, y al que no pude acudir en virtud de que en esa fecha me estaba trasladando de Ciudad Juárez a la mencionada ciudad capital, y el trayecto fue muy complicado por las copiosas lluvias, sobre todo cuando llegué a Chihuahua, pues desde la entrada de la ciudad hasta el domicilio familiar que se ubicaba en una céntrica colonia, fueron casi 4 horas de difícil transitar.

 

No obstante, sin demeritarle importancia y sensibilidad a tan infortunado evento, con el permiso de los amables lectores, quiero destacar el aniversario número 30 de una generación de licenciados en derecho que por diversos motivos no puede pasar desapercibido -ni desapercibida la generación-, pues de una u otra manera fueron actores de episodios trascendentales en la vida de la UACH.

 

El periodo en que confluimos compañeras y compañeros otroras estudiantes, fue del año 1985 a 1990, época en la que se vivieron importantes cambios no sólo en el alma mater, sino en el Gobierno del Estado. Con motivo de las protestas estudiantiles, en el mes de septiembre de 1985 el Lic. Reyes Humberto de las Casas Duarte renuncia a la rectoría de la UACH, y en ese mismo mes también deja el cargo de gobernador el Lic. Oscar Ornelas Küchle.

 

Sin embargo, la inconformidad continuaba entre el estudiantado de la Universidad en general, y el conflicto permaneció por varios años más, pues en el caso de la Facultad de Derecho, la exigencia del cambio duró prácticamente hasta la llegada como director del reconocido y estimado abogado Jesús Villalobos Jión, quien pudo implementar cambios favorables para alumnos y maestros.

 

Como medidas de presión, entre otras: tomamos en varias ocasiones las instalaciones de la Facultad; “secuestramos” camiones urbanos, los cuales reteníamos por horas dentro del campus universitario; llevamos a cabo marchas por la avenida Universidad, la que en no pocas ocasiones cerramos al tránsito vehicular; etc. Llegamos a ocupar la mesa directiva de la sociedad de alumnos y algunas consejerías, a pesar de la oposición de muchos maestros que no se resignaban a dejar el poder.

 

Recuerdo una ocasión en la que acudimos en una marcha desde la Facultad de Derecho a Palacio de Gobierno para platicar con el estimado Lic. Sergio Granados Pineda, quien fuera Director de Gobernación, que cuando salimos ya de noche, en las afueras se encontraba un numeroso grupo de hermanos tarahumaras protestando, a quienes en virtud del frío que estaba haciendo se les invitó para que acudieran a pernoctar a nuestra escuela, quienes aceptaron y se unieron a la marcha de regreso. A pesar de las altas horas de la noche, se organizó todo lo necesario para que a temprana hora del día siguiente, un grupo de amables señoras acudieran a darles desayuno a tan valiosos pobladores del estado de Chihuahua.

 

En ese conflicto que prevaleció por años, como en cualquier otra disputa, hubo divergencias entre los propios estudiantes, las cuales han sido superadas gratamente, a grado tal que hace 5 años nos reunimos para festejar el 25 aniversario de la graduación. Cabe aclarar que en la lucha estudiantil participamos compañeras y compañeros de los diferentes grados de la Facultad.

 

Esa generación de licenciados en derecho ha sido semillero de profesionistas que han destacado en diferentes ámbitos, habiendo surgido ejemplares litigantes, jueces, magistrados, políticos y servidores públicos en general. Hasta un notario público se logró, muy merecidamente.

 

Mi respeto, reconocimiento y afecto para quienes fueron mis compañeras y compañeros en las aulas de la Facultad de Derecho de la UACH, así como para quienes con sensibilidad y dedicación nos educaron en la interesante y noble profesión de abogado.

 

Espero que pronto cambien las condiciones sanitarias por las que estamos atravesando, para poder reunirnos una vez en sana convivencia.