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Opinión - Columnas
Escrito por Redacción   
Jueves, 08 de Octubre de 2020 07:30

Por Fray Fernando.

¡Al fin llegaron! Grito la gente.

Eran los húngaros que periódicamente visitaban los pueblos serranos de Chihuahua y esta vez acamparon en La Norteña, pueblito perteneciente al municipio de Madera. Traían consigo una serie de servicios como: venta de baratijas, lectura del futuro, ungüentos milagrosos, amuletos para la mala suerte y algo muy especial: equipo para proyectar películas con planta de luz y todo, porque la población para 1970 carecía de servicio eléctrico.

Todo mundo participó de la feria emergente y esperaban con ansia el domingo, día en que se anunciaba la proyección de la película: “Santo el Enmascarado de Plata contra los zombis”. La fecha llegó y el salón ejidal se atestó desde las 9 de la mañana, hora en que se inició el programa. Pronto entraba otro numeroso grupo en razón de que los clientes no eran solo del pueblo sino de muchas rancherías aledañas a La Norteña, situación que exigió proyectar muchas veces la película e incluso hubo quien pagaba de nuevo para repetir la función, pero los nómadas daban prioridad a los nuevos cinéfilos y hasta “comisión de arrastre” pusieron para sacar a los aferrados.

Todo mundo hacia el esfuerzo para no quedarse sin ver a un héroe como El Santo y sin importar lo largo de la cola numerosas personas con sus familias materialmente acamparon con comida y bebida para lograr un lugar en el salón ejidal. Esto daba un tono festivo al pueblo. A sus sencillos habitantes la oportunidad de convivir y recrear sus ilusiones; a los jóvenes establecer noviazgos; a las señoras remendonas un espacio de desahogo de su rutina doméstica; a los adultos un tema para conversar por varias semanas y a los niños una oleada de imaginación.

Solo una persona no compartía el júbilo por la película. Se trataba de un joven profesor recién llegado a la escuela del lugar quien consideraba un tanto ridículo asistir a la función de cine. “Esto esta bien para éstos rústicos” -pensaba-“Pero yo, profesor titulado, recién llegado del Distrito Federal y de los L.A. (Los Ángeles) como me vería procurando una película de El Santo”.

En tanto el tiempo transcurría y las funciones se desgranaban hora tras hora, cuando en un gesto de cortesía un grupo de adultos encabezados por el presidente de la sociedad de padres de la escuela invitaron al profesor a ver lo que sería la última presentación. El “moderno mentor” a querer y no, pronto se vio sentado en las bancas del salón para desde ahí ver cómo el Enmascarado de Plata hacia cera y pabilo de los zombis que amenazaban a la humanidad, La Norteña incluida.

Una vez terminado el programa el docto profesor en tono burlón se dirigió al representante de los padres de su escuela diciéndole:

-Híjole don Luis, que bueno que contamos con héroes como El Santo, así existe garantía de que el mundo estará a salvo de zombis y otras aberraciones

- Pues sí, tal vez- contestó el funcionario.

El profesor queriendo llevar a más su cotorreo a costa del “ingenuo campesino” agregó:

- Lo que más me impresionó es la enorme fuerza con la que El Santo dominó a estos seres infernales.

Don Luis, esbozó una sonrisa que reflejaba experiencia y también un dejo de burla. Contestó:
-Nombre, eso no es nada, lo hubiera visto en la mañana, a las 9, ahorita que lo vimos a las 6 de la tarde, pues ya andaba algo cansado.