Alta y Adentro: Será milagro que Clemens pague sus pecados Imprimir
Deportes - Beisbol
Escrito por Jaime E. Rey   
Sábado, 21 de Agosto de 2010 06:24

 

El icono del beisbol, Roger Clemens, será enjuiciado por dos cargos de perjurio. Clemens aseguró a congresistas que no usó esteroides pero hay evidencia abrumadora de que mintió. Cada cargo tiene una sentencia máxima de cinco años en la cárcel. Pero fanáticos al beisbol y admiradores del excepcional pitcher no os preocupéis, donde quiera se cuecen habas y Clemens acabará manchado pero libre. Como en las demandas contra el icono de la iglesia, Juan Sandoval, el lanzador reirá al último.

 

 

 En primer lugar, gracias al deporte que traicionó, es multimillonario y reclutará a un “dream team” de abogados, quienes escogerán un jurado de peleles que lo absolverá.

 

Una desgracia del mundo, de todo el mundo, es que los famosos hacen cuanto les viene en gana porque son intocables. Ejemplos sobran.

 

 En la audiencia en la que mintió Clemens los congresistas republicanos, babeando corrieron a pedirle autógrafos mientras que los demócratas corrían a formula los cargos. A eso en México llamamos politizar y por eso estamos como estamos.

 

Como pitcher admire a Clemens pero nadie debe estar sobre la ley.

 

Cuanta mentira cuente en el futuro, Clemens no puede declararse inocente ante los cargos porque con prepotencia y arrogancia cayó en varias mentiras. Todo esto sucedió ante millones de televidentes. 

 

 Pero el juicio no es normal. Hablamos aquí de un icono a la altura del insultante cardenal mexicano. Y como aquí Clemens seguirá, déspota, prepotente, mentiroso, adultero, vicioso y todo los demás pecados que tenga. Pecados que a lo largo de su extensa carrera han sido mucho. 

 

 En mis años de residencia en Houston fui testigo de la enorme adulación que gozaba. Hoy el New York Times publica el resultado de encuestas y trabajos de investigación que revelan que Clemens echó esa popularidad al caño. 

 

 Todos admiran lo que hizo en el diamante y por extensión por la ciudad, que eligió como su hogar permanente. Pero todos deploran lo que ha hecho en su vida privada y la mayoría pide que se le aplique el castigo que se aplicaría a un ciudadano común, menos corriente que él. 

 

 Haber ganado siete Cy Youngs y contribuido a tres calificaciones a la postemporada de unos Astros de tradición mediocre, que con él y sin él jamás han ganado una Serie Mundial no lo hace mejor que nadie.

 

Pero su acción de arrojar debajo de un tren de carga a su esposa si lo hace más cobarde y peor que la mayoría. Con la soga al cuello y abrumado por evidencia que manejaba los esteroides con la misma eficiencia que manejaba sus lanzamientos dijo, “yo no usaba drogas ella sí”.

 

 Aparentemente poco le importó si la madre de sus hijos iba a prisión siempre y cuando el permaneciera fuera sin dañar su imagen.

 

 Eso le ha ganado el escarnio de la mayoría de los norteamericanos, aficionados o no. Pero la mayoría de la gente decente es minoría cuando de iconos deportivos se trata. El ciudadano común no hace ruido pero los defensores endiosados con esos ídolos de cartón si lo hacen y fuerte.

 

El peor castigo que sufrirá Clemens es que no será admitido al Salón de la Fama. Pero, ¿Y cuanto le importa eso a quien ganó bastante para comprar una vida de lujos inalcanzables para la mayoría de quienes pagaron por verlo lanzar.

 

Lo inexplicable es que él y el otro malandro, Barry Bonds, quien será enjuiciado por lo mismo el año que viene, tenían ganado el salón mucho antes de usar drogas. Ambos tenían los méritos antes de delinquir.

 

Su afán no fue de inmortalizarse, cuando ya lo eran, fue lujurioso intento de alargar sus carreras e enriquecerse más creyéndose superiores no sólo al beisbol, también a las leyes. El carácter de ambos es igual, sólo que Bonds o es un poco más honesto o menos impetuoso y ha sabido no meterse en más broncas.

 

Bonds puede continuar exigiendo que le prueben sus pecados, Clemens escogió actuar como un dios dueño del mundo.

 

Su actitud ha sido, ¿cómo pueden atreverse a llevarme a los tribunales, acaso no saben quien soy?

 

Pero con ese despotismo enseñó al mundo lo que en realidad es, un mentiroso, cobarde que merece se le castigue con todo el peso de la ley. Brazo de oro, cerebro de caca.