Alta y Adentro: ¿Impecable carácter moral en el beisbol? please Imprimir
Deportes - Beisbol
Escrito por Jaime E. Rey   
Sábado, 08 de Enero de 2011 12:51

Es indiscutible que basado en sus números ofensivos y extraordinario fildeo, Roberto Alomar, es un digno miembro del Salón de la Fama del mejor beisbol del mundo. Pero hay algo indigno en su elección y en la exclusión de otros igual de merecedores. Los requisitos para ser electo incluyen carácter, supuestamente impecable carácter. Roberto carece de eso. Me refiero a que su carácter, sus acciones fuera del diamante no son impecables.

 

 

 

 

Dentro del diamante en una sola ocasión se portó como un niño mimado y mal educado. En 1996 Alomar, ante miles de espectadores y millones de televidentes, escupió la cara del umpire de home.

 

Ese acto, hoy poco significante para muchos, fue un pésimo ejemplo para todos. Significó el peligroso rumbo que por años lleva la humanidad. Contra otros, el acto podría verse más como majadería que como crimen.

 

Hacerlo contra la autoridad máxima en los juegos y terminar premiándolo es un criminal ejemplo del deterioro moral que ha dejado a la juventud sin buenos ejemplos. Falta de respeto a toda autoridad ha creado la anarquía que se confunde con democracia.

 

Reitero lo dicho en mi anterior columna y la elección de Alomar me apoya. Roberto tiene en su expedientes bien documentados incidentes penosamente faltos de carácter.

 

Si él califica para el recinto no hay razón para excluir a quienes se hayan ganado el honor en el campo, como se lo ganó él.

 

El uso de los esteroides, como el caso de la escupida del umpire, es sin merecerlo disculpable porque es evidente que en el negocio del beisbol todo se vale, si deja dinero. El primero que abiertamente se inyectó esteroides sin ser castigado probó eso.

 

El uso de drogas en el beisbol jamás ha sido un misterio. Todos los que pudieron hacer algo para evitarlo lo conocían. ¿Pero como suspender a un Bonds, a un McGwire o a un Alomar sin dañar la taquilla de sus equipos y la supuesta integridad del juego?

 

El uso degeneró simplemente porque no se hacía nada y todos dijeron, “si mi compañero que no pega ni con Resistol se está volando bardas desde que usa esas chivas y nadie dice nada, ¿por qué yo no”?

 

El problema es nuevo sólo por ser diferente. El salón está lleno de gente de poco carácter moral. Los peloteros no se especializan en moralidad. No sólo tienen más oportunidades de hacer lo que les viene en gana, su fama es como un chaleco antibalas.

 

Hubo un caso de un juez que exoneró a un famoso pelotero confeso violador de una dama diciéndole, “a la salida déjame una pelota autografiada”.

 

La fama e idolatría de los buenos deportistas es como un gorila de 500 kilos en los hombros del beisbol. Con el sindicato más poderoso de todos los deportes es peligroso hasta decirle “buenos días” a un pelotero con soberana cruda, peor aun llamarle la atención

 

Si en realidad jamás ha habido carácter moral, incluir eso en los requisitos para admisión es una aberración abierta al abuso.

 

Como es posible que Jeff Bagwell con números y guante tan impresionantes como los de Alomar recibiera solo un 41% de los votos requeridos y Alomar el 90%.

De Bagwell se sospecha uso de esteroides, nada más. No se puede comprobar que sea un santo ni un diablo. En su hipócrita protección de una integridad que no tiene, el beisbol usa sospechas como defensa de su política, débil como es, de su campaña antidrogas.

 

Cómo diferenciamos los casos Palmeiro-Pettite? El cubano no llegará al salón porque mintió negando el uso de esteroides. Pettite logrará la entrada porque admitió usarlos por razones médicas.

 

Palmeiro dice que un compañero le inyectó vitamina B12 y por eso dio positivo. No le creo a ninguno de los dos. ¿Pero, es tan tenue la línea de demarcación que una mentira puede excluir a un bateador que en dos categorías (obp y slug) acumuló mejores números que Mays y Aaron?  

 

¿Son más poderosas razones de exclusión sospechas no comprobadas, caso Bagwell, que burlarse de la autoridad, escupirla y pasársela por el arco de vanidad de cada pelotero?

 

No sanciono su uso pero parafraseando el dicho de ¿“a quien le dan pan que llore”? ¿Quién llora si le permiten esteroides y le pagan millones de dólares por crear la más rica bonanza vivida por el beisbol organizado?

Si Alomar califica todos los verdaderos astros como él califican así haya que llevarles la placa a la silla eléctrica. Déjense de hipocresías.