La Cuartilla: La fuerza de la Esperanza en el discurso de César Duarte Imprimir
Política - Elecciones 2010
Escrito por Valentín Ramírez Llanes   
Martes, 05 de Octubre de 2010 07:21

La cuartilla

 

Sin ánimo de incidir en la fuerza de la presunta correlación entre los contenidos del discurso de la toma de protesta de César Duarte y la triste realidad, trataremos de caracterizar su discurso, que a fuerza de ser sinceros, resultó una pieza de oratoria valiente, desgarradora, bien dicha y muy emotiva, que dejó a todos el sabor de un dejo de esperanza, tan necesaria entre todos los que habitamos esta entidad histórica, que se debate en un ambiente de violencia inédita en Chihuahua, que será sin duda el drama fundamental contra el que se habrá de enfrentar el nuevo mandamás del gobierno estatal.

Para empezar, el tono del discurso, las altas y las bajas, así como la decisión que le imprimió a sus palabras, fueron bálsamo de alivio, al menos pasajero, de lo que era y quería escuchar la gente;  “el poder es para poder no para no poder” y yo si voy a poder, se entiende entrelineas lo dicho por un político que se armó de decisión, con la fuerza que otorga la aureola de poder, con la fortaleza necesaria para despertar y acariciar una estela de esperanza, en este maremagnum de atrocidades y violencia que vive nuestro estado y buena parte del país. 

El discurso resultó fuerte, agresivo, valiente, posicionado casi totalmente dirigido en acabar con el flagelo de la violencia y el abatimiento del crimen organizado, que mantiene la vida en un vilo de todos cuantos tienen necesidad de salir a la calle y trasladarse de su hogar al trabajo, sin menos pretensiones que esas.

 

Abrir con un ¡No les voy a fallar! que todo mundo esperaba, fue reconfortador, porque la tónica del discurso  político es desconfiado y la duda de la ciudadanía frente a la experiencia en estos usos y costumbres, nos ha enseñado que no es lo mismo andar en campaña y manejar ofrecimientos de diversa naturaleza para llegar al poder, que llegar después de hacer campaña y ver qué hacer con el poder.

 

Y esto es algo que impactó de entrada en el ánimo de los asistentes, en un discurso hablado con la fuerza de la emoción, como se hacen los discursos con entonación administrada en pausas y un vigor apoyado en el gesto de la determinación, que entusiasmo a la gente que se dio cita al histórico lugar donde el padre Hidalgo fue sacrificado, Villa gobernó y la prosapia política del estado se ha encaramado para desde ahí gobernar a los gobernables.

 

El gesto de liderazgo fe el esperado por los destinatarios de la palabra, porque incita a la acción, promueve la esperanza y borda sobre el compromiso social que debemos contraer todos los chihuahuenses para acabar con el flagelo de la maldad y el exterminio, que mantiene preocupados políticamente a los administradores del estado y a la sociedad en su conjunto, porque vivir sin la paz y la tranquilidad necesaria para ser productivos y solidarios, con posibilidades de recrearnos, es vivir en la ignominia.

 

La principal virtud que despertaron las palabras de Duarte en su toma de protesta, fue la de abrir la puerta de la esperanza, reflejada como un sentimiento que genera en el individuo una sensación de construir en un futuro cercano una situación de mejoría o de  bienestar, que permita viviren plenitud con todos los pobelmas que implca la vida, pero enn paz y con la posibilidad de ser productivos en el área doden a cada quine le toca converger.

 

La palabra mueve montañas, y sin ánimo de querer otorgarle todas las virtudes bondadosas a un discurso valiente, el logos hecho armado de la emoción tuvo sus efectos favorables: regresó al menos momentáneamente una actitud optimista, luego de que producto de la ineficacia y la falta de aplicación del poder para transformar lo adverso en algo favorable para la sociedad, la esperanza se mantuvo latente, pero sin salir, en algo muy difícil de sentir en estos tiempos de depresión, angustia o ansiedad personal, familiar y social, que obligaba al dialogo interno y al silencio permanente.

 

Y no es por el propio mérito del discurso que se dejó ver el dejo de la esperanza. En el ambiente flotaba y flota ese hálito de esperanza, esa sensación afable que nunca muere, de que algún día se pueda construir un futuro cercano que nos brinde una situación de mejoría o de bienestar altamente añorados.

 

A diferencia del optimismo, la esperanza es un tipo de sensación que surge generalmente ante situaciones difíciles, y puede aparecer y desaparecer de acuerdo a las circunstancias, y cuando nos sentimos frustrados sobre la resolución de un problema tan grave como es el de de la violencia sin freno que nos atañe hoy en día, puede surgir el sentimiento de esperanza y surgió, al decir en el arranque de su discurso: “honraré la confianza que me otorgaron el 4 de julio… ¡No les voy a fallar!”, y las ínsulas de la esperanza se llenan de la confianza que mueve montañas y propicia en cambio de actitud esperanzador. 

 

Pero la esperanza, según los que saben de esto, no es un simple estado de ánimo, sino además es una virtud que, junto a la fe y el amor, mueve esas montañas que hacen que lo adverso se torne en favorable o al menos así no dé la impresión, y lo que no sea pueda suceder, al dejar de ser solo una sensación física de alegría o de satisfacción, para transformarse en una gracia que todos debemos reconocer en nuestro fuero íntimo que se pueda poner al servicio de la construcción de un mejor mañana.

 

Pero ojo, porque la esperanza, aunque es la última que muere y siempre está allí, también puede ser encarada desde una óptica irreal o de fantasía. Esto sucede cuando estamos en presencia de personajes que puedan desarrollar un alto nivel de falsas esperanzas y expectativas de mejora de la vida cotidiana, y puede ser frustrante. Ojalá y este no sea el caso, y así lo añoramos en esta esperanza auténtica, porque del dicho al hecho, falta lo caminado, luego de que para nadie es desconocido que ante las expectativas de superación de un problema, suelen enfrentarse realidades que por ser mal encaradas trastornan la vida y pueden mantener el estatus de crisis y gravedad, que llevan fácilmente a la persona a sufrir todo tipo de desengaños, sorpresas y decepciones.

 

Esperemos que este no sea el caso. Lo deseamos de todo corazón, porque nos interesa y beneficia a todos: la paz y la tranquilidad ha sido desde hace mucho la más esperanzadora de las añoranzas en nuestro estado y el país, ojalá y se torne en ferviente realidad y la fuerza de la palabra dicha en un inicio de aplicación del poder para cambiar, sea toda una realidad.

 

Así lo deseamos y lo esperamos.