Fin de año y Esther que se va Imprimir
Opinión - Luis Javier Valero
Sábado, 26 de Diciembre de 2009 18:55

A la memoria de Manuel de la Rosa, amigo y compañero como pocos, siempre con el gesto amable y la disposición a aportar todo lo que estuviera a su alcance, duele su intempestiva partida.

Pocas personas pueden encarnar a una ciudad. Esther Chávez Cano era de ese tipo de personajes. No porque representara lo peor de la sociedad juarense, sino precisamente por lo contrario, por el indeclinable compromiso con las mujeres y sus derechos; por su infatigable labor a favor de las clases más desfavorecidas, por su terquedad en hacer valer los derechos de los más sobre los menos, por su amor al antiguo Paso del Norte, por su desprecio a los defectos de la clase política y en ocasiones a todos sus integrantes y por su convicción de intentar, siempre, la construcción de una patria más democrática, más justa.

 

Su voz fue de las primeras en levantarse en contra de la tragedia que enlutó a centenas de familias de las víctimas, de lo que después fue conocido como “Las muertas de Juárez”. Terca en exigir de las autoridades el cumplimiento de sus obligaciones, gravemente incumplidas en el esclarecimiento de los asesinatos de más de 300 mujeres, aterrorizada, asombrada, indignada ante la tragedia que movilizó a miles de juarenses en la década de los 90’s para detener el feminicidio, le reclamó a los gobernadores Francisco Barrio y Patricio Martínez su actitud de menosprecio ante semejante fenómeno.

Consciente de que no habría respuesta positiva de los gobernantes –locales y federales- sin tapujos, sin remilgos, fue a todas las tribunas nacionales e internacionales a llamar la atención de la opinión pública de tales niveles a fin de detener la matanza y la insoportable impunidad e indolencia gubernamental.

Más aún, debió –como otras cientos de activistas feministas juarenses, así como los familiares de las víctimas- soportar el cuasi linchamiento en su contra de parte de no pocos. Todo lo superó, consciente de que los asesinatos sólo eran parte del problema de las gravísimas agresiones a las mujeres, y no sólo por parte de los ajenos a ellas, sino también de los hombres de sus propias familias y construyó un espacio en defensa de las mujeres, Casa Amiga.

Presionó, junto con otros derechohumanistas, a crear la Fiscalía Especial para la Investigación de Homicidios de Mujeres y de la Agencia Especializada de Delitos Sexuales y contra la Familia en la Procuraduría de Justicia del estado. Antes habían logrado que las maquiladoras eliminaran como requisito para emplear mujeres el certificado de ingravidez.

La lucha emprendida hace más de tres lustros por Esther Chávez constituye uno de los pilares de la sociedad para hacer frente a la violencia, la impunidad y la inacción, y debe ser por ello reconocida y su labor continuada.

Al paso de los años, y del cambio de gobierno, deberá aceptarse, su labor empezó a ser reconocida en los ámbitos oficiales, así, en septiembre último fue ratificada como consejera de la Comisión Estatal de Derechos Humanos y en noviembre, a unas semanas de su muerte y a pocos días del fallecimiento de su muy querida compañera, también fundadora del grupo 8 de Marzo, Irma Campos, fue galardonada por el Instituto Chihuahuense de la Mujer con el premio “Madre María Luisa Reynoso 2009” por ser considerada "una luchadora de la dignidad y libertad de las mujeres”, además, el año anterior recibió el Premio Nacional de Derechos Humanos.

Pero su voz, como la de muchos juarenses, fue de las primeras en rebelarse ante las medidas gubernamentales para enfrentar el problema más aparente sufrido por los chihuahuenses por segundo año consecutivo: La ola homicida sin control y sin medida.

“No le veo final a esta guerra; no sé cómo la van a ganar”, dijo repetidamente en cuanto foro privado y público debió externar su opinión ante la oleada criminal abatida sobre Juárez y la inoperancia de las autoridades. Más aún, en los últimos días de su vida fue de las pocas que llamó la atención sobre el hecho de que en la presente ola homicida las mujeres están siendo asesinadas de la misma manera que en la década anterior. El número de las asesinadas, tan solo en Juárez en el presente año, según el recuento de El Diario (Luz del Carmen Sosa, 12/XII/09) asciende a 144 y que la Comisión Nacional de Derechos Humanos contabilizó en 506 feminicidios cometidos en Juárez de 1993 a mayo de 2009.

Premonitoria, en 1996 así se lo dijo a los reporteros, con motivo del incremento de la aparición de cadáveres de mujeres en el antiguo Paso del Norte: “Les dije que esa impunidad iba a convertir a esta ciudad en un horror”. ¡Qué lejos quedaron esas frases de la tétrica realidad del Chihuahua de fines del 2009! Porque tan siniestras cifras delictivas abarcan al total de la entidad.

Una frase de Esther Chávez podría ser reivindicada por todos los chihuahuenses, deseosos del término de la grave situación por la que pasamos: “No me quiero acostumbrar a los muertos, no lo haré”.

Llegamos, así, al final del 2009 y la voz de Esther ya no se alzará por su cuenta, pero su ejemplo seguramente servirá para que otras mujeres y otros hombres continúen con su indeclinable defensa de los derechos de las mujeres, y en la hora presente en la defensa de los derechos inalienables de todos los juarenses, ahora puestos en grave riesgo, quien lo iba a decir, por algunas de las instituciones oficiales, y lo peor, por elementos de los grupos encargados del combate al crimen organizado.

Nada resulta más triste que expresar la consabida frase de –Se los dije. Por desgracia, los hechos acaecidos en el presente año nos dan la razón a quienes alertamos de lo que podría suceder en lo referente a dos temas, el de emplear al ejército en la “guerra” de Calderón y el del ejercicio de éste en el gobierno federal.

En el primer caso, los hechos demuestran fehacientemente que ha sido un craso error. No sólo no lograron detener la masacre, sino que su participación la incrementó y posibilitó el incremento de infinidad de otros delitos, así como el de la aparición de otros, hasta someter a la población juarense, fundamentalmente, pero no sólo, ciudades como Parral, Camargo y un sinfín de poblaciones sufrieron los efectos de todos esos delitos.

Tal aceleración de numerosos índices criminales se convirtió en el mejor mentís al peregrino argumento esgrimido por los dirigentes de la Operación Conjunta Chihuahua, consistente en que –se están matando entre ellos (los delincuentes). Pues sí, se matan entre ellos, pero también a otros, ajenos a sus querellas y el clima de impunidad desatado a partir de la matazón activó la presentación de otros muchos delitos.

Más aún, derrotado el ejército en la tarea encargada por Calderón, agregó la comisión de numerosas violaciones a las garantías constitucionales de infinidad de ciudadanos y perdió la confianza de miles de chihuahuenses. Por primera ocasión en muchos años, el ejército perdió los lugares de privilegio que había gozado en la simpatía ciudadana y al no vencer al crimen organizado le deja a la sociedad la percepción que ya no hay nada que hacer frente a las bandas del narcotráfico. Se los dije.

Y con los días brotan por todas partes las gravísimas equivocaciones del gobierno federal en su combate al narco. El último episodio, el de la muerte del jefe de una de las bandas, Arturo Beltrán Leyva, lo ilustra claramente. Además de que no fue ninguna dependencia mexicana la responsable de la detección del grupo criminal –fue la DEA-, la decisión de Felipe Calderón de dejar fuera del operativo al ejército y a la PFP, evidenció el elevado grado de infiltración del narco en esas esferas; por lo menos eso se deduce del hecho de no involucrar a nadie de esos agrupamientos en las acciones y al de que, según la revista Proceso (No. 1729, 20/XII/09), Beltrán esperaba a comer al jefe de la Zona Militar 24, el Gral. Leopoldo Díaz Pérez. Otras versiones establecen que el día del enfrentamiento este militar intentó en dos ocasiones ingresar al condominio, sin éxito, al ser rechazada su petición por los marinos.

Lo peor fue que, a pesar de estar resguardado el cadáver de Beltrán por elementos de la Marina haya sido vejado y expuesto cubierto de billetes. La respuesta fue tremenda, seguramente los seguidores de Beltrán fueron quienes asesinaron a la madre y tres parientes más del marino caído en el enfrentamiento de Cuernavaca.

Y las críticas vienen de todos lados. El Obispo de Saltillo, Raúl Vera, catalogó de “ejecución extrajudicial” la muerte de Beltrán, la calificó similar a las que ocurrían hace 100 años con la denominada ley del monte, “Ya estamos como en la época de la Revolución, donde se ahorcaba, se fusilaba, pero ahora se hace mediante operativos, y eso es muy grave” y afirmó que por la forma en que fue exhibido el cuerpo del narcotraficante después del operativo, los marinos llegaron a ejecutar, no a aprehender.

Todo lo anterior sustenta la advertencia efectuada por infinidad de mexicanos: Involucrar al ejército en esas tareas puede llevar a que la corrupción lo alcance. Hoy no tenemos necesidad de que alguien lo investigue y demuestre, Calderón en persona nos lo está ratificando al dejar fuera del operativo más importante al ejército. Las repercusiones serán terribles.

Y si en materia de narcotráfico e inseguridad pública las previsiones y advertencias resultaron ciertas, en el manejo de la economía, por desgracia, resultaron peores. Terminamos el 2009 como el peor de las últimas décadas, incluso por encima de los años de 1994 y 1995 pues la caída del PIB y el número de empleos perdidos fueron superiores y la conducta del equipo calderonista ante la llegada de la crisis fue de escándalo. El Secretario de Hacienda, Agustín Carstens fue incapaz de prever la gravedad de la misma, o, y eso es peor, le mintió al país al declarar –en su papel de asesor financiero, no sólo de Calderón, sino de todos los mexicanos- que tras la crisis norteamericana sufriríamos sólo “un catarrito”.

En premio, lo enviaron las bancadas del PRI y del PAN a la Presidencia del Banco de México para que conduzca las variables económicas ¡Por seis años!

Y eso que el “peligro para México” era Andrés Manuel López Obrador. ¡Qué bajas se quedaron las prevenciones de quienes alertaron que la conducción de la economía nacional sería pésima!

Culminará así este año (la explicación de tal frase estriba en que habrá algunos lectores, con motivo de las fiestas –y ni modo, deberemos enfiestarnos así estén negros los nubarrones- no alcanzarán a leer los comentarios de martes y jueves) en medio de la severa crisis económica, ante la cual no se aprecia estrategia gubernamental alguna para superarla y una violentísima crisis de seguridad pública, aparentemente imposible de resolverla.

De todos modos, siempre habrá espacio para el optimismo, ese que le ha servido a los chihuahuenses para superar los difíciles trances a los que nos enfrentado, el presente no será excepción.

Así que para quienes nos veamos el próximo domingo ¡Feliz año nuevo!.... y para los demás, también.

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