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Opinión - Carlos Jaramillo Vela
Escrito por Carlos Jaramillo Vela   
Domingo, 14 de Julio de 2019 12:39

Carlos Jaramillo Vela.

 

La renuncia del Secretario de Hacienda y la ausencia de AMLO en el G-20: malos mensajes de México hacia el mundo. El Chuvíscar: añorando a Patricio Martínez.

 

Un negativo mensaje arroja, sin duda, la dimisión de Carlos Urzúa, Secretario de Hacienda y Crédito Público, de nuestro país, en el actual gobierno encabezado por el Presidente Andrés Manuel López Obrador. El hecho de que en su escrito de renuncia el alto funcionario le haya recordado al presidente la existencia de muchas discrepancias que en materia económica hubo entre ellos, así como su desacuerdo con la imposición de funcionarios sin conocimiento de la hacienda pública, constituye una seria advertencia que trasciende tanto hacia el interior del país como más allá sus fronteras. Los observadores internacionales, muchos de los cuales no son afines a las directrices y decisiones que están siendo tomadas por la administración de AMLO, quizá no tardarán en reaccionar a través de sus críticas, señalamientos o acciones.

 

En el exterior México es observado y analizado, no solo por los académicos, historiadores y estudiosos de la fenomenología sociopolítica, sino también por los grandes consorcios comerciales e industriales, los organismos políticos y las instituciones financieras de escala mundial, cuyas determinaciones influyen de manera significativa en los negocios, la política y la economía, a nivel internacional. Querámoslo o no, las corporaciones transnacionales, el grupo de los 20 países con las más grandes economías (G-20, del cual México es parte), el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, tienen la mirada puesta sobre México, nos ven, nos analizan y nos juzgan. Para estos entes no pasa desapercibida la señal político-económica enviada por la forma en que dimitió del gobierno lopezobradorista el ahora ex Secretario de Hacienda, quien entre los motivos de su renuncia también reveló no solo la falta de sustento –entiéndase irracionalidad e irresponsabilidad- sino también el extremismo –entiéndase radicalismo político-, con los cuales se están tomando decisiones respecto a las políticas públicas por el actual gobierno de nuestro país.

 

Tampoco abona a nuestra imagen ante el mundo la ausencia del presidente López Obrador en la cumbre del G-20, recientemente efectuada en Osaka, Japón, y para la cual no hubo por parte del mandatario mexicano más justificación qué la de decir que prefirió no asistir porque en ese tipo de reuniones las cosas se miran “por encima”. Independientemente de los aciertos que durante su gestión ha tenido el presidente López Obrador, es, más que importante, urgente, que éste reconozca sus yerros y corrija el rumbo, pues mucho más allá y por encima de posturas personales –tales como fanatismos políticos, afanes populistas o intereses electorales-, debe prevalecer siempre el supremo interés de la nación para la cual él hoy gobierna, nación que se constituye, por supuesto, por todos nosotros los mexicanos.

 

Triste, decepcionante -podría decir tal vez el ingeniero Miguel García Del Val, ex director técnico de la Junta Municipal de Agua y Saneamiento de Chihuahua, si se le preguntara al respecto-, el panorama que hoy vuelve a presentar el Río Chuvíscar, al ser nuevamente víctima de descargas de aguas negras en su lecho a cielo abierto. Que nostalgia causa pensar que el desgano, la negligencia o la falta de compromiso pongan en riesgo al medio ambiente y la salud pública, al no brindarse supervisión y mantenimiento a las obras de alcantarillado y saneamiento que se efectuaron en beneficio de dicha corriente natural de agua, así como de toda la población de la capital, durante el gobierno de Patricio Martínez.

 

Hoy, las líneas de drenaje que entonces se instalaron han dejado de funcionar -tal vez por colapso u obstrucción- y las aguas negras vuelven a verterse en el Chuvíscar –tramo entre edificio de la Cruz Roja y el Museo Semilla- con su consecuente contaminación y pestilencia, principalmente en la zona confluencia del río Chuvíscar con el río Sacramento. Si el Chuvíscar hablara, sin duda añoraría a Patricio.